La intuición, la aliada de nuestro yo

Todos tenemos intuición. Nacemos  teniendo esta habilidad que nos permite conocer y percibir la vida de forma inmediata, sin la intervención de la razón. Al crecer hay personas más capaces de desarrollarla y otros, en cambio, la ignoran, dejándose llevar solo por la razón y lo conocido mentalmente.

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos experimentado instantes de intuición. En general, los rechazamos por no tener lógica y dudamos que tengan algún fundamento, porque nos han educado orientándonos hacia la razón, la explicación y el conocimiento. Creemos que necesitamos entender, que entender nos da seguridad al actuar, que necesitamos entender para conquistarnos a nosotros mismos. Y esto, en el fondo, es una simple creencia.

La intuición la reinterpretamos como una revelación. En cambio, no sabemos que nos permite reconocer, aprender y experimentar la verdad. También está vinculada a reacciones y sensaciones, más que a pensamientos elaborados y abstractos. No es una iluminación divina, sino una habilidad que nos ayuda a tomar una decisión. Es ella quien, en un instante, nos permite valorar si una persona es de fiar o no.

La intuición va más allá de la razón, sin oponerse a ella.

Nos acerca a la creatividad, la cooperación y nos conduce más allá de lo que pensamos. Aunque no la comprendamos del todo, está para guiarnos en el difícil arte de transitar por la vida. La intuición se siente más que se piensa. Nos suele enviar mensajes a veces un poco complejos como sensaciones, formas o palabras que no entendemos.

¡Demos libertad a nuestra mente y escuchemos nuestras emociones!

Entender qué sentimos en nuestro mundo interior ayuda a sentir calma y equilibrio. Desarrollar la atención y practicar el silencio, permitirán desarrollar la intuición.

¿Podemos garantizar entonces que si seguimos nuestra intuición tomaremos las decisiones más adecuadas? Nadie lo puede garantizar. En cambio, con ella, conseguiremos actuar de acuerdo a nuestra esencia, valores, emociones y de acuerdo a nuestras experiencias previas. Este proceso se da de manera inconsciente y tiene variables que dependen de la personalidad y creencias de cada persona.

Obviamente hay factores que dificultan el desarrollo de la intuición. Por ejemplo, la indecisión, la razón, el miedo a equivocarnos y la falta de confianza. Todo esto la obstaculizan.

Se la conoce como la parte del inconsciente adaptativo. Cada cosa que sentimos aprendiendo, que interiorizamos, que experimentamos, riega una semilla que va creando nuestra esencia que usamos casi sin darnos cuenta.

Sirve también como canalizador para separar y decidir hacia el arte de descartar. La obtenemos a través de vivencias pasadas similares y esto nos permite conseguir una deducción creativa de los problemas que se nos presentan. Se manifiesta en situaciones de riesgo, en las que no tenemos margen para razonar o analizar permitiéndonos una reacción inmediata o un segundo de duda antes de emprender una acción.

Aprendemos a partir de ensayo-error.

La intuición opera sobre la empatía, permitiéndonos saber el estado anímico de una persona sin que la conozcamos, o sin que haya manifestaciones suyas. Se adquiere a través aprendizaje asociativo e imitación.

El trabajo con mis alumnos me ha ayudado a desarrollarla aprovechando mejor el potencial de la mente, resuelvo mejor las dificultades, soy más creativo, tomando mejores decisiones y me permite tener relaciones de cooperación y empatía.

 

Dedicado con agradecimiento a Gemma Pujol

Mantra para el desapego

Aceptación

Te acepto tal cual eres.
Acepto que no estás preparada para salir de tu individualismo.
Acepto tu forma de gestionar el sufrimiento. Lo estás haciendo lo mejor que puedes.
Acepto que me culpes y que me responsabilices a mí y a la relación de todo tu sufrimiento.
Acepto que te estés equivocando.
Acepto que lo que necesitas ahora de mí es que te deje hacer y que te deje equivocarte. Acepto este papel.
Acepto que tienes que ver por ti sola y cuando estés preparada, ver tu parte de responsabilidad. No es responsabilidad mía hacértelo ver.
Acepto que mi responsabilidad recae sobre la gestión de mis emociones y mis acciones, no sobre las tuyas.
Acepto que la vida te traiga lo que te tenga que traer.
Acepto que ni puedo ni quiero controlar qué pasará en el futuro.
Acepto que te dejo crecer y madurar por ti sola.

Soltar

Renuncio a cualquier expectativa que tuviera sobre ti.
Me libero de toda expectativa sobre ti.
No espero nada de ti. Te libero y me libero.
No quiero que me trates de ninguna manera, no quiero que me hables de ninguna manera. Sé tú misma.
No quiero que cambies porque no espero que hagas nada, ni que digas nada, ni que sientas nada, ni que pienses nada. Retiro todas mis expectativas sobre ti.
Te quiero y te acepto tal cual eres.
No necesito nada de ti y te acepto tal cual eres. No deseo que cambies. Renuncio a todas mis expectativas sobre ti.

Gratitud

Agradezco todos los buenos momentos que hemos pasado.
Agradezco que la vida nos haya hecho coincidir.
Agradezco ser tu amiga.
Agradezco el crecimiento que me supone ser tu amiga.
Agradezco el crecimiento que conseguiré dejándote hacer y crecer por ti sola
Agradezco conocerte y deseo que seas feliz.

Límites

Deseo explicarte mis límites con asertividad.
Prefiero en todo momento contarte mis límites con naturalidad.
Te acompañaré y te enseñaré pacientemente mis límites.
Te enseñaré con calma hasta que aprendas.
Me propongo libremente alcanzar un buen grado de comunicación contigo.
Te pediré sólo que hagas aquello por lo que estás preparada en cada momento.
Te ayudaré a crecer sin herirte, aprendiendo tu forma de ser.

Dedicado con afecto a Aniol Santacreu

La compasión

La compasión es el deseo y la actitud de ayudar al otro. Ayudar desde la generosidad y no, desde las propias necesidades. Regidos por nuestro ego, a veces, queremos que otros salgan de su sufrimiento, no para que dejen de sufrir sino para que dejen de incordiarnos con su sufrimiento.

Ayuda, pues, para que otros superen su sufrimiento y se sientan libres de sus propias cadenas emocionales.

La compasión es como la tolerancia con amor. Es tanto como aceptar sin juicio, sin expectativa exigente, sino con acompañamiento preferente. Ser compasivo nos ofrece la oportunidad de escuchar al otro, de que nos dé permiso para acercarnos y, desde ahí, acompañarle: enseñarle pacientemente hasta que aprenda a salir de su sufrimiento.

La compasión no está al alcance de todos, pero es un estímulo increíble para ser mejores. Es una herramienta de Inteligencia Emocional de alto nivel de conciencia, como la aceptación incondicional o la coherencia emocional, opuesta a tener razón.

Hija de la empatía, la compasión es la habilidad de entender, comprender y aceptar profundamente las emociones, sentimientos y comportamientos de otros que no nos agradan. Pero hurgamos más allá para alcanzar ese nivel espiritual, esa virtud del no juicio y si verdad. Las personas que se sienten mal consigo mismas y que exteriorizan ese sufrimiento constantemente son las más necesitadas de nuestra compasión.

Todas las virtudes emocionales, para ser auténticas, deben empezar por uno mismo. Es sano y necesario que sea a nosotros mismos a quien ofrecemos la más pura de nuestras compasiones, de nuestras empatías, de nuestras asertividades.

¡Ser feliz requiere de un buen trato a uno mismo!

Todas las habilidades que hacen referencia a la capacidad de ponernos en la piel de otros requieren, de manera imprescindible, de paciencia y templanza, de mirada alta y perseverancia. Ser compasivo con otros es decidir madurar uno mismo a un nivel de conciencia superior. Es decidir que somos compasivos sin el juicio de si lo merece o no.

Todos lo merecen, aunque se comporten mal, porque son humanos. Y, a menudo, intensamente gobernados por su ego que, viendo las vulnerabilidades, se adueñó de esas personas que tienen comportamientos, quizás difícilmente asumibles socialmente, pero sí perfectamente asimilables humanamente.

¡Ser compasivo, sobre todo es ejercer nuestra humanidad al límite de lo divino!

Ejercer compasión significa, también, amarse a uno mismo y dotarnos de una de las oportunidades vitales más importantes de crecimiento, de felicidad. Al ofrecer compasión ya hemos recibido amor por nuestra actitud, ya hemos librado y ganado nuestra lucha con el ego.

Ser compasivo requiere de altos valores, va intrínsecamente ligado a personas que van más allá, que van muy lejos, que viven una vida con sentido, que tienen propósito y son sencillamente muy felices.

Con aprecio dedicado a Abdó Gómez

¿Has tenido ya tu primera revelación?

revelaciones
Llamamos revelaciones o descubrimientos al hecho que, en un momento dado -cómo cuando la tiza que ayer todavía estaba mojada y de golpe por la mañana se ha secado-, se nos hace patente y evidente que hemos tomado conciencia de alguna nueva comprensión. Nos damos cuenta que aquello que entendíamos, ahora lo comprendemos con más profundidad con más clarividencia. Cuando experimentamos una revelación o descubrimiento nos sentimos felices por el progreso que sentimos en nosotros y también por la nueva perspectiva que ya intuimos. Es muy parecido, de hecho, a cuando de pequeños hacemos los primeros adelantos en el descubrimiento de los límites. ¿Verdad que de repente un día entiendes perfectamente para qué servía un conocimiento adquirido de pequeño? Pues, esto es una revelación. Las revelaciones y los descubrimientos son pasos que vamos haciendo en el aprendizaje. Por encima de todo, nos indican que vamos muy encaminados, que estamos creciendo y que este crecimiento lo vayamos integrante.
Ellas mismas eligen el momento adecuado para aparecer, para hacerse evidentes. Y es siempre el mejor momento para cada uno de nosotros. Nunca es casual.

¿Podemos hacer algo para tener más revelaciones o descubrimientos?

No directamente, sí con nuestro trabajo constante. Y es que cuanto más constancia en el autoconocimiento, más oportunidades llegarán a nosotros. También, además de constancia, más «preparados» estarán los mecanismos de integración del conocimiento adquirido.
Los caminos neuronales del cerebro están más experimentados por las personas perseverantes.
Es como la suerte. Tenemos más suerte si trabajamos más. La suerte es directamente proporcional a la implicación, a una implicación sin exigencia. A la implicación preferente. Las revelaciones o descubrimientos nos avisan que el nuevo conocimiento es coherente respeto los valores, la educación y la moralidad adquirida anteriormente y que nos enriquece para superarnos. Así pues, cuando tengo la primera revelación o descubrimiento, vendrán otras en el momento más adecuado y de manera sutil. Son silenciosas como las esencias y discretas como las almas que ayudan a crecer. Serán nuevas experiencias o nos ayudarán a profundizar en las anteriores, pero siempre existirán. Nos sentimos pletóricos al percibir una revelación o descubrimiento, llenos de alegría interna, de satisfacción por el camino emprendido y entusiasmados de percibir que empezamos a entender de qué va esto de la vida. Una revelación revela al revelado.

Ahí mismo

‘Todos estamos ahí mismo’ es una expresión clara, sencilla y sincera que nos recuerda que todos tenemos un poderoso ego: inteligente, sutil y perseverante, y que siempre está al acecho.

Se trata de recordarnos nuestra humildad, sobre todo, en las personas que mejoramos nuestro nivel de conciencia. Busca también recordarnos nuestra vulnerabilidad y así mantener a raya esa herramienta tan poderosa del ego llamada vanidad.

‘Todos estamos ahí mismo’ es una forma eficaz, directa y asimilable fácilmente por nuestra mente de decirnos que el camino es siempre, que los que estamos en un proceso de mejora personal tomamos plena consciencia que es vital, no temporal.

El ego es nuestra segunda piel, es la máscara que esconde nuestras culpas y miedos y que, con una tenacidad increíble, nos lleva al pasado o al futuro –impidiéndonos el presente donde no hay dolor– rutinariamente para hacernos sufrir.

‘Todos estamos ahí mismo’ es un grito de sinceridad para con uno mismo y también para con los demás. Es una manera de tomar conciencia de que, estando alerta, sabremos gestionar las tendencias rutinarias de nuestro ego, pero solo si estamos alerta.

Es también una manera de vincularnos, un tipo de complicidad que, una y otra vez, nos recuerda el camino andado y el que queda por recorrer. Eso sí, sin esfuerzo ni sacrificio, solo aprender con naturalidad como lo hicimos al respirar.

‘Todos estamos ahí mismo’ es un grito de libertad, es una campana que resuena dentro fruto de nuestro trabajo en nosotros mismos. Es un recordatorio para vivir alerta, sin miedos ni culpas. Esta frase nos une, nos identifica como únicos, en constante cambio, como humanos que somos.

¡Gracias Bet Net por estar ahí mismo!

Con estima, dedicado a Bet Net.

La asertividad mejora la autoestima

asertividad

La asertividad es una de las principales herramientas de la Inteligencia Emocional Aplicada, que nos permite vivir libres de mochilas emocionales que no nos dejan alcanzar el bienestar y la paz emocional. Se trata de la capacidad que todos tenemos de manifestar nuestros deseos, reivindicarlos y verbalizarlos sin atacar ni lastimar a los demás. Aunque de entrada parece muy fácil, lo cierto es que son muchas las personas que deciden no manifestar su voluntad o lo hacen desde el ataque al otro.

En este vídeo te explico cómo la asertividad puede mejorar nuestra autoestima y por qué es importante practicarla. Una vez empieces a hacerlo desde la escucha activa, el respeto a ti mismo y la empatía con los demás, no podrás dejar de usarla. Estoy convencido. Así que dale al play si quieres saber más sobre ella.

Si te ha gustado el vídeo te agradeceré muchísimo que lo compartas con aquellas personas que crees que les puede ayudar. También que te suscribas a mi canal de Youtube porque cada semana encontrarás contenido nuevo que seguro que te ayudará en tu camino hacia el bienestar y el equilibrio emocional.

Y si te gustaría iniciar un proceso de crecimiento personal y alcanzar, por fin, el bienestar que deseas, escríbeme y te acompaño. Aquí puedes conocer cómo son los acompañamientos que hago con mis alumnos.

 

 

 

Los conflictos y cómo afrontarlos de manera exitosa

los conflictos

Los conflictos interpersonales a menudo se derivan de necesidades o intereses legítimamente diferentes y que, en un momento dado, surgen como una dificultad que pone a prueba la relación con alguien. Muchos de los conflictos no tienen la razón de ser en aquello que lo hace presente, sino en causas anteriores no muy resueltas o aclaradas.

Afrontar quiere decir resolver los conflictos con los otros, dar la cara sin eludir el encuentro con aquella situación en la que pensamos que estaremos incómodos.

En un conflicto con otra persona, evitar es perder la oportunidad de crecer como individuo, porque aquello no resuelto nos hará sufrir y generará frustración. Decirnos que el tiempo ya lo arreglará y que la culpa es del otro son solo excusas hacia un mismo.

En un conflicto la responsabilidad es compartida. No hay culpables. ¡Todos somos responsables!

A mí me gusta mucho buscar el momento adecuado para afrontar. No actuar desde la inercia emocional, sino desde el raciocinio, cuando estoy preparado. Porque, como todas las cualidades de la Inteligencia Emocional Aplicada, la empatía y la asertividad necesarias para afrontar, en buenas condiciones y por no empeorar más el conflicto, primero tienen que ser con un mismo.

Los miedos al ridículo, al error y al fracaso son detonantes clásicos de la culpa y la decepción con un mismo. Esquivando los otros, perdemos relaciones por conflictos muy sencillos de resolver por culpa de no tener herramientas emocionales a mano.

No nos creemos suficientes merecedores de afrontar las situaciones de disparidad de criterios o de diferentes opiniones. Tenemos miedo de no ser aprobados y ser, en cambio, merecedores de una actitud de juicio por parte del otro, cuando en realidad somos nosotros mismos que, no acostumbrados a confrontarnos, nos juzgamos constantemente con mucha dureza. Por eso, busco siempre que puedo la verdad soportable como herramienta, que me facilita que aquello que quiero decir estoy listo para decirlo y, además, procuro empatizar con el otro de que sea también un buen momento para escucharlo.

Cuando nos decidimos a afrontar las situaciones con otros y buscar resolver el conflicto no quiere decir que vuelvan las cosas a ser como antes. Dependerá si la confianza se ha malogrado. Las relaciones pueden salir fortalecidas después de un conflicto porque hemos abordado la situación acertadamente y el otro así lo percibe. O también puede ser que no mejore o que no consigas conducir la relación donde querrías, porque el otro así lo ha decidido. Aquí no podemos hacer más, no está a nuestro alcance decidir por el otro, pero nos habremos quedado bien con nosotros qué es lo más importante.

Sentirnos bien con nuestros comportamientos sube la autoestima. No afrontar las situaciones con los otros, la baja.

Cuando abordamos un conflicto es muy conveniente primero manifestar cierto grado de empatía con el otro, abriendo así su interés por nosotros. Expresar libremente cómo nos hemos sentido en aquella situación. Para finalmente y, a ser posible, ofrecer una alternativa de cómo nos hubiera sido aceptable para nosotros y como lo querríamos de ahora en adelante.

Se llamaba Not, un buen amigo de mí mismo

Not era un labrador, de pelo negro y tenía dos años cuando llegó a mi vida. Fue un regalo de mi hermano grande, a quien le estoy muy agradecido.

El primer día que entró en casa, todo él temblaba. Su cuerpo estaba paralizado y su cola escondida entre las patas traseras, mostraba duda y miedo de lo que estaba viviendo. Yo, en cambio, sentí una mezcla de emociones, como por ejemplo alegría, que me llevaba a acoger un nuevo amigo, y también bienestar y satisfacción, que se tradujeron al tener una buena predisposición y entusiasmo.

También sentí miedo (a no ser capaz, a no saber, a equivocarme…). En definitiva, a asumir una nueva responsabilidad. También ternura que me permitió estar conectado con aquel instante, sintiendo afecto, compasión y aprecio.

Estas emociones me llevaron a que la primera noche que Not pasó en casa, estuviera a su lado, acariciándolo, pendiente de su estado y de su respiración, dándole mi amor y confianza,

En poco tiempo, después de jugar con él, de sacarlo a pasear, de regarle una barra de pan, de hablarle y explicarle cómo había ido el día, establecimos un vínculo emocional profundo, una relación de lealtad mutua. Ahora puedo decir que fue mi mejor amigo. Nos teníamos confianza plena.

Not, hacía grandes todos los momentos.

Con él aprendí a vivir a otro ritmo, a vivir el presente con atención llena. ¡Not estaba y ya está!

Observarlo cómo se relacionaba conmigo, con los otros, con otros perros o cómo se comportaba cuando estaba solo, supuso un aprendizaje de como gestionar mis emociones. Sentirme acompañado cada día, verlo menear la cola, acercándose buscando mi afecto, esto me hacía sentir importante y también me ayudó a relativizar los días malos.

Aprendí también de su capacidad de perdonar y de olvidar de forma sincera y honesta, cuando lo reñía o cuando me olvidaba de cambiarle el agua. Él seguía mostrando su amor y alegría, y esto no tenía precio.

No hablaba, pero no hacía falta. ¡Nos comunicábamos perfectamente!

Me escuchaba con atención, sin juicios ni perjuicios. Compartir mis pensamientos con él me ayudó a aclarar las ideas y tomar decisiones.

Cuando sufrí de ansiedad y estrés de alto voltaje, me acompañó liberándome de las preocupaciones, de mis miedos y de mi aislamiento social. Cuando sentía que estaba en el abismo, el simple hecho de que estuviera, me hacía sonreír, calmarme y reducir mi estado de angustia. Fue un ejemplo de amor incondicional.

Not, también, me ayudó a entender e interiorizar los valores de la lealtad, de respeto, de responsabilidad, de gratitud, de humildad, de honestidad y de sensibilidad. Y a vivir con integridad.

Murió cuando tenía catorce años, estuve presente. Me despedí de él en paz. No le debía nada y él tampoco a mí.

Not forma parte de mi historia. Es una experiencia de vida única, un compañero en mi proceso de crecimiento personal y también en mi camino de ayudar a otros personas a crecer.

Él, como yo hoy, estaba sano. Por lo tanto, me pudo ayudar como yo hoy ayudo a otros.

Proyectar en los demás lo que no asumimos en nosotros

proyectar en los demás

Proyectar en los demás nuestro malestar. Cuando no somos capaces de asumir la propia responsabilidad, desbordados, culpamos, una y otra vez, a los demás de nuestras incapacidades o irresponsabilidades.

La falta de educación emocional nos conduce a culpar a otros de nuestras responsabilidades y, aunque sufriendo mucho por la propia decepción, por el resentimiento que nos queda y por la imposibilidad de dar solución madura a nuestro malestar, seguimos repitiendo este egóoico patrón cada vez que nos encontramos ante una situación interpretada como adversa.

Nos da pánico sentirnos responsables, asumir que somos nosotros los que podemos mejorar, que los demás no cambiarán porque se sientan culpables, que a la vez culpan a otros. Y así la proyección se convierte en una conducta social.

El error masivo se convierte en verdad y la inmadurez emocional en realidad social.

Sufrimos y, como respuesta, hacemos sufrir y queremos herir. Y, claro, salimos heridos.

Aún no hemos entendido que si hago daño a los demás, me hago daño a mí mismo. Algo tan sencillo y obvio, cuesta de entender porque estamos gobernados por el ego, porque no tenemos las riendas de nuestra vida emocional.

¿De qué sirve culpar a los demás?
¿A dónde nos lleva culparlos?
¿Es útil o práctico hacerlo?

Si analizamos estas 3 preguntas de tipo realista, filosófico y práctico nos daremos cuenta de que no mejora nada. Al contrario, empeoramos las relaciones volcando nuestros malestares, nuestras frustraciones.

¿Qué tienes dentro?

Los seres humanos somos como depósitos: Ofrecemos a los demás lo que tenemos dentro.

Así pues, si tenemos resentimiento, nuestras conductas estarán afectadas por este dolor. Si, en cambio, tenemos paz y alegría, todos nuestros comportamientos estarán regidos por estas emociones sanas y equilibradas.

Al proyectar culpa en los demás, la intencionalidad es la de liberarnos de un sentimiento que percibimos como frustrante y lo que queremos hacer, en realidad, es pedir ayuda para sostener todo lo que se nos hace insoportable. Y nos parece, en nuestra particular neura del momento, que tirando nuestras miserias al más cercano, seremos mágicamente liberados.

No nos damos cuenta que lo único que conseguimos atacando a los demás es obligar al otro a protegerse de nosotros y a defenderse ya que se siente, lógicamente, atacado por nuestra irresponsable conducta culpabilizadora.

¿Qué podemos hacer para mejorar estas situaciones?
Cuando sentimos la emoción de culpa es importante reconocerla como nuestra y no, de otro. Después, hay que aceptarla; es decir, hacerme cargo y sencillamente admitir que es la emoción que siento, que es mi realidad en ese momento. Finalmente con esta emoción de culpa lo que hacemos para liberarnos de verdad es responsabilizarnos y no culparnos o culpar a los demás.