Las creencias: Lo que nos hemos creído

Xanos Rius

Las creencias son interpretaciones que hemos hecho de la realidad. Son fruto de nuestro diálogo interno y condicionan nuestra manera de ser. Es obvio que si las creencias son interpretaciones, podemos crear nuevas interpretaciones. Es decir, construirnos creencias que nos mejoren la calidad de vida emocional y por lo tanto que nos conduzcan al equilibrio y a la paz interior.

Fíjate: los pensamientos generan emociones y éstas nuestros comportamientos. Un buen comportamiento supone mejora de autoestima. En cambio, un mal comportamiento, la empeora y la debilita.

Tenemos aproximadamente 70.000 pensamientos diarios, que no son otra cosa que propuestas del cerebro. Estos pensamientos filtrados por nuestras creencias generan las emociones que sentimos.

Si sentimos emociones sanas tendremos comportamientos equilibrados; y si sentimos emociones insanas (porque nuestras creencias no son las adecuadas), tendremos conductas de sufrimiento para nosotros y para los demás.

¿Qué hace que tengamos tendencia a tener un tipo u otro de creencias? Pues, las tendencias de nuestra personalidad.

La personalidad, la máscara es la herramienta del ego más potente. Es con lo que el ego nos condiciona más nuestra vida. La personalidad es la estrategia que biológicamente todos adoptamos siendo muy niños (6/7 años), y que será la misma a lo largo de toda la vida. La evolucionaremos o no, de eso dependerá que tengamos conductas maduras o inmaduras a lo largo del tiempo.

Todos conocemos personas mayores que se comportan como niños, constantemente pataletas, regañinas y maneras de hacer propias de un menor, no de un adulto. Se trata de personas que no han tenido –o quizás querido– madurar su personalidad y sufren enormemente porque tienen muy baja tolerancia a la frustración y porque se sienten siempre agredidos.

Desde la edad adulta es nuestra responsabilidad evolucionar nuestra personalidad y dejar de permitir que las creencias que arrastramos del entorno sigan influyendo en nuestra realidad.

Que nuestros hijos sufran por nuestro bajo nivel de autoconocimiento es nuestra voluntad, a menudo forjada por la poco que nos queremos y lo mucho que queremos aparentarlo. Es tu derecho y también tu deber aprender a conocerte, a descubrirte, a comprender porqué una y otra vez sigues sufriendo por las mismas creencias.

¿Vas a seguir sufriendo toda la vida por las mismas creencias sin cambiarlas?

Definitivamente sólo podemos cambiarnos a nosotros mismos, es la única aportación que podemos hacer a la humanidad, a nuestra sociedad y a nuestro entorno. Y depende exclusivamente de nuestra decisión, de querer querernos, de invertir en nosotros y no, en nuestro personaje.

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