Del ego a la esencia: El camino de la felicidad

 en Ponencias de Inteligencia Emocional Aplicada

Las emociones son vivencias que tienen cara. Las podemos ver y reconocer en nosotros y en los demás. Son respuestas químicas del cuerpo en consonancia con los pensamientos que tenemos. Las emociones las sentimos, las percibimos en los otros. Delatan qué nos estamos diciendo, nos ayudan a entendernos y también a empatizar con los demás.

Cuando de una manera intencionada y reiterada enviamos a nuestra mente nuestras emociones, estas se convierten en sentimientos. Las emociones son siempre temporales y menos profundas. Los sentimientos son duraderos y de más calaje emocional, ahondan más en nosotros.

El bienestar emocional, esa paz interior que tanto deseamos, la alcanzamos cuando nos descubrimos, cuando aprendemos a buscar las respuestas dentro de nosotros, y no fuera. Cuando identificamos nuestras emociones y las gestionamos y también al regular nuestros impulsos.

Confrontarse es ser sincero con uno mismo. Aceptar nuestras áreas de mejora como seres humanos que somos y desde ahí iniciar un camino de superación de uno mismo: El camino de conocernos. Ver en lo que no nos gusta de los demás, lo que no tenemos resuelto en nosotros. Cuando algo nos enfada o nos domina permitimos que ejerza un poder inmenso sobre nuestra felicidad. En realidad poco debe enfadarnos porque poco hay por enjuiciar, solo hay que comprender y comprendernos.

En un lado tenemos el ego, la personalidad, los pensamientos y por tanto las creencias. También, la razón y el conocimiento. En otro, tenemos nuestra esencia, el amor universal y la estima. Además, la sabiduría y la autenticidad. En definitiva la paz interior.

¿Qué separa al ego de la esencia? ¿Qué puente hay que cruzar para cambiar de lado? ¿Cómo mejoramos nuestras tendencias de personalidad?

Propongo que sea el de los conocimientos aplicados. Gestionando nuestras emociones desde la adaptación al entorno, con humildad y perseverancia. Tenemos todos mucho conocimiento y poca sabiduría. No aplicamos lo que sabemos, lo dejamos ahí a la espera de que las situaciones mejoren sin nuestra intervención. Queremos ser felices sin contar con nosotros mismos. ¡Qué neura!

No se trata de más conocimientos. Si no de conocernos más.

Tenemos todas y todos mucho talento y un potencial increíble sin usar, escondido bajo capas de baja autoestima, de miedos y de conflictos con nosotros mismos sin resolver. Sobre todo, de desconocimiento de nuestras emociones, que son las que nos mueven, las que nos motivan a actuar de una u otra forma.

Nos desconocemos. Vivimos de espaldas a quién somos, aparentando o luciendo lo que compramos con dinero y quedándonos escondidos a la sombra de nuestro ser, como si nos avergonzáramos de nuestra humanidad. Confundimos placer con bienestar, confundimos tener con ser.

El ego es rutinario, quiere que cada día sea igual al anterior y así nos hace sufrir constantemente. Identificarlo, aceptarlo y responsabilizarnos de nosotros mismos es el camino hacia la paz emocional, el descanso que todos merecemos porque hemos aprendido a estar bien con nosotros mismos primero, y en consecuencia con todos los demás.

Somos como un depósito. Depende de con qué lo llenamos es lo que ofrecemos. No podemos dar lo que no tenemos. Si sentimos rencor pues eso es lo que surgirá de nuestra conducta, si sentimos dolor pues desde ahí nos comportaremos.

El sufrimiento emocional es optativo.

Decidimos en cada momento cómo interpretamos la realidad. Cuando nuestra base emocional es sólida no nos hace falta juzgar, ni perdonar, ni menospreciar… sólo comprender. Porque hemos aprendido a mantener a nuestro ego a ralla, a tirar de las riendas de nuestra vida emocional.

Caemos una y otra vez en los mismos pozos, tropezamos siempre con las mismas piedras. Y nos preguntamos: ¿Cómo es que he vuelto a caer en el mismo sitio? Te propongo otra pregunta: ¿Cómo es que he repetido el mismo camino? Repetimos patrones porque no nos vemos, porque nos da pereza y miedo darnos cuenta de dónde estamos. Mejorar nuestro nivel de conciencia depende sólo de nuestra actitud ante la vida, de querer de verdad ser felices. 

 

Foto: Sasha-freemind. Unsplash.

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