La comunicación no verbal y la energética

¿Te has fijado en que hay personas que siempre te tratan con respeto y, en cambio, hay algunas que siempre te quieren menospreciar o imponer su criterio o incluso maltratar? Pues es así como te tratan: ¡cómo tú les has enseñado a tratarte!

No somos demasiado conscientes, pero lo que los otros ven en nuestros comportamientos, es lo que “leen” de cómo nos pueden tratar. Por lo tanto, ¡atención! Cuidado cuando demasiado permisivamente permitimos que otros nos manipulen o nos usen para sus intereses, sin nuestro acuerdo.

Atención con lo que decimos a los otros con nuestro comportamiento hacia ellos, porque de esto se crearán hábitos de relación que después serán muy difíciles de cambiar. De hecho, quizá sólo podremos cambiarlo a expensas de la pérdida de la relación. Porque si, por ejemplo, hemos permitido que durante años alguien se aproveche de nuestra voluntad, después no admitirá que se tiene que espabilar solo.

Somos sólo responsables de nuestro comportamiento, de ninguno más.

Y como la emocionalidad, en la medida que nos responsabilizamos tomamos conciencia del porqué somos tratados de una u otra.

¡El trato recibido es un espejo del trato ofrecido!

La comunicación no verbal, también la energética, indica de nosotros qué estamos dispuestos a ofrecer y qué no, qué estamos dispuestos a renunciar y a qué no. Y los otros esto lo perciben constantemente. Por lo tanto, y es lógico, interpretan que tienen derechos que nosotros, en realidad, no querríamos dárselos, pero ya lo hemos hecho con nuestra conducta habitual hacia ellos.

Nuestra comunicación no verbal y también la energética está influenciada directamente por nuestros pensamientos y creencias. Esas creencias generarán emociones que finalmente se transforman en nuestra manera de actuar y de hablar, de dirigirnos a los demás.

Las personas en los extremos de sumisión o agresividad tienden a tener relaciones muy marcadas por estos aspectos que, de no derivar ambas hacia la asertividad, les condicionarán siempre y mantendrán sus patrones de conducta y, por ende, su sufrimiento.

¿Tienes conciencia de qué dices a los demás con tu comportamiento?

La intuición, la aliada de nuestro yo

Todos tenemos intuición. Nacemos  teniendo esta habilidad que nos permite conocer y percibir la vida de forma inmediata, sin la intervención de la razón. Al crecer hay personas más capaces de desarrollarla y otros, en cambio, la ignoran, dejándose llevar solo por la razón y lo conocido mentalmente.

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos experimentado instantes de intuición. En general, los rechazamos por no tener lógica y dudamos que tengan algún fundamento, porque nos han educado orientándonos hacia la razón, la explicación y el conocimiento. Creemos que necesitamos entender, que entender nos da seguridad al actuar, que necesitamos entender para conquistarnos a nosotros mismos. Y esto, en el fondo, es una simple creencia.

La intuición la reinterpretamos como una revelación. En cambio, no sabemos que nos permite reconocer, aprender y experimentar la verdad. También está vinculada a reacciones y sensaciones, más que a pensamientos elaborados y abstractos. No es una iluminación divina, sino una habilidad que nos ayuda a tomar una decisión. Es ella quien, en un instante, nos permite valorar si una persona es de fiar o no.

La intuición va más allá de la razón, sin oponerse a ella.

Nos acerca a la creatividad, la cooperación y nos conduce más allá de lo que pensamos. Aunque no la comprendamos del todo, está para guiarnos en el difícil arte de transitar por la vida. La intuición se siente más que se piensa. Nos suele enviar mensajes a veces un poco complejos como sensaciones, formas o palabras que no entendemos.

¡Demos libertad a nuestra mente y escuchemos nuestras emociones!

Entender qué sentimos en nuestro mundo interior ayuda a sentir calma y equilibrio. Desarrollar la atención y practicar el silencio, permitirán desarrollar la intuición.

¿Podemos garantizar entonces que si seguimos nuestra intuición tomaremos las decisiones más adecuadas? Nadie lo puede garantizar. En cambio, con ella, conseguiremos actuar de acuerdo a nuestra esencia, valores, emociones y de acuerdo a nuestras experiencias previas. Este proceso se da de manera inconsciente y tiene variables que dependen de la personalidad y creencias de cada persona.

Obviamente hay factores que dificultan el desarrollo de la intuición. Por ejemplo, la indecisión, la razón, el miedo a equivocarnos y la falta de confianza. Todo esto la obstaculizan.

Se la conoce como la parte del inconsciente adaptativo. Cada cosa que sentimos aprendiendo, que interiorizamos, que experimentamos, riega una semilla que va creando nuestra esencia que usamos casi sin darnos cuenta.

Sirve también como canalizador para separar y decidir hacia el arte de descartar. La obtenemos a través de vivencias pasadas similares y esto nos permite conseguir una deducción creativa de los problemas que se nos presentan. Se manifiesta en situaciones de riesgo, en las que no tenemos margen para razonar o analizar permitiéndonos una reacción inmediata o un segundo de duda antes de emprender una acción.

Aprendemos a partir de ensayo-error.

La intuición opera sobre la empatía, permitiéndonos saber el estado anímico de una persona sin que la conozcamos, o sin que haya manifestaciones suyas. Se adquiere a través aprendizaje asociativo e imitación.

El trabajo con mis alumnos me ha ayudado a desarrollarla aprovechando mejor el potencial de la mente, resuelvo mejor las dificultades, soy más creativo, tomando mejores decisiones y me permite tener relaciones de cooperación y empatía.

 

Dedicado con agradecimiento a Gemma Pujol